Valores

En la búsqueda de una Educación vial que hoy tratamos de abordar desde la infancia como la mejor manera de prevenir incidentes, accidentes y siniestros viales, no puede estar ausente el enfoque biopsicosocial y espiritual que apunte a la formación integral de futuros actores sociales capaces de desarrollarse y actuar para contribuir al bien común y al crecimiento social sano que facilite y priorice la cultura de la vida.

Para ello debemos reconocer que se necesita una renovación de la sociedad en cuanto a comunidad humana formada por personas que se sientan miembros del grupo humano en el que viven y tomen parte en la vida cultural y social interviniendo en todos los ámbitos del quehacer humano.

Se necesitan personas con capacidad de asumir el compromiso y la corresponsabilidad mutuas. Mucho se habla de la educación en valores, del compromiso, la responsabilidad, la solidaridad, pero poco se desarrolla el concepto esencial que lleve al entendimiento conceptual de dichas palabras, lo cual no pasa por una mera definición sino por el sentido ontológico que encierran.

Los docentes, además de centrarse en la enseñanza de contenidos específicos sobre educación vial, tienen la misión de inculcar en sus discípulos el sentido total del motivo que lleva a abordar la temática correspondiente.

Si hiciéramos una pregunta clave para contribuir al mejoramiento del tránsito vehicular, ésta sería una: ¿qué nos está faltando? y una posible respuesta sería: nos falta compromiso.

¿Qué es el compromiso?

Se dice que una persona se encuentra comprometida con algo cuando cumple con sus obligaciones, con aquello que se ha propuesto o que le ha sido encomendado.

El compromiso nace de una exigencia o empeño de las personas, es una fuerza interior que nos impulsa a la acción, es una manera de plantarse en la vida asumiendo con responsabilidad y exigencia personal un quehacer para conseguir una nueva manera de vivir en la sociedad.

El compromiso tiene rasgos propios y no hay compromiso sin testimonio, acción y servicio

En el planteamiento global de todo compromiso de vida se perciben características que, sin necesidad de ser puestas ante los demás como el mejor o el único modelo a seguir, sirven, no obstante, para dar una cierta armonía al estilo de vida de una persona o a la personalidad de un grupo y una mayor estabilidad y eficacia a unas acciones.

Dicen que el movimiento se demuestra andando y es cierto, como cualquier otra acción que no basta proclamarla con la palabra sino que tiene que demostrarse.

El compromiso se demuestra comprometiéndose

Si de niños nos enseñan a cumplir con las promesas, a ser respetuosos con los demás y con las normas implementadas en cualquier ámbito para un mejor funcionamiento total, se evitarán males mayores.  Acciones mínimas como por ejemplo esperar para cruzar hasta que la luz del semáforo indique el paso, hoy no se ven en la calle, la mayoría de las personas, vayan caminando, en auto, en bicicleta, en moto o cualquier otro vehículo, cruzan sin importarles en lo más mínimo que la luz les impida avanzar. Es como si en lugar de cada uno cuidarse para no ser atropellado, esperara que sean los demás los que tienen que agotar las instancias para no atropellarlo.

Y no es que no lo sepan, no es que nadie les haya enseñado, es que no aprendieron o no quisieron aprender o se creen inmortales, invulnerables y circulan por la calle como si estuvieran solos. Hay un deficit de atención en los peatones, no se comprometen con la vida, no les importa el prójimo porque no les importa ni siquiera su propia vida. Es lamentable pero parecería que es así.

El cambio se producirá cuando las personas cambiemos, si lo esperamos todo de las estructuras de poder o de cualquier otra índole, no lograremos más que profundizar las deficiencias porque toda estructura está compuesta por PERSONAS. Son (somos) las PERSONAS, las que hacemos la diferencia, sea en el tema tránsito o cualquier otra actividad humana.

María Inés Maceratesi