Prioridad peatón

Hoy vi una publicación del Gobierno de la Ciudad promocionando el slogan “Al girar, siempre prioridad peatón” y pensaba que, si necesitamos que nos estén contínuamente alertando sobre lo que tenemos que hacer, es porque no lo tenemos asumido. Por favor no nos engañemos, hay malas conductas y malos hábitos en LAS PERSONAS!,  sean peatones, conductores o lo que sean. Quienes son educados y respetuosos, lo son en todo tiempo y lugar. No conduzco pero veo lo que pasa, hay una gran arrogancia y omnipotencia en muchos peatones y en muchos conductores.

Caminando por las veredas de Ciudad de Buenos Aires se dan muchísimas situaciones que no serían tan incómodas si las personas pudiéramos ser capaces de ordenar nuestra conducta, de admitir que no todo nos está permitido ni todo es hacerlo a la medida de nuestro parecer. Pero también hay mensajes cruzados que nos llegan desde las instancias gubernamentales, de los medios de comunicación y desde cualquier ámbito. ¿Cómo es posible que se deba concientizar que el peatón tiene prioridad si ni siquiera las estaciones de servicio ordenan la entrada y salida a las mismas?. Es común circular y encontrarse con estaciones de servicio en las que los automovilistas paran para abastecerse de combustible u otros trámites y lo hacen de manera tal que obstruyen las sendas peatonales, tanto de las calles como las de las veredas incomodando y poniendo en peligro a los peatones. Yo misma he sido protagonista de situaciones de ese tipo como creo lo seremos cada uno de los que circulamos a pie por las calles de Buenos Aires.

Las situaciones incómodas me llevan a preguntarme el por qué y no encuentro otra justificación que la falta de orden, la falta de atención, la sensación de que a nadie le importa “el otro” y menos aún le importamos a quienes tienen la misión de organizar la ciudad para que sea realmente una ciudad amigable. Entiendo que es muy grande y no se puede llegar a todos con ciertas acciones pero, como en el caso de las estaciones de servicio, no costaría nada diseñar una táctica acorde con las necesidades actuales en que el panorama vial es tan complicado y peligroso tanto para peatones como para conductores, ciclistas, motociclistas y demás circulantes. Otro obstáculo lo constituyen los cartoneros -por suerte ya no se ven tantos – que van con su carrito recogiendo lo que les sirva pero no tienen ningún tipo de señalización, nada que los proteja de la marea de autos y otros vehículos que pasan rozándolos. Muchas veces son niños los que arrastran los carros y otras.

En un marco tan estresante, no es casual que sucedan tantos accidentes, algunos de los cuales ni siquiera llegan a los medios y no nos enteramos; pero tendríamos que pensar en cambiar la cultura del yoísmo por otra de la solidaridad, en el que el otro soy yo mismo y debo cuidarlo porque así también tiene que hacer él conmigo.

En una ciudad, en una casa, en una escuela, en un restaurante, nadie puede hacer exclusivamente lo que le da la gana, hay reglas y hay que conocerlas y aceptarlas aunque, en una realidad socio política como la actual, es difícil que alguien acepte reglas, es más, parecería que la sola mención de la palabra hace eclosión en muchas personas por el resentimiento y las prohibiciones de otras épocas a las que remiten. Sin embargo, es imposible vivir sin reglas, sin hábitos, sin valores, porque entonces lo que vemos es caos.

El tránsito, sea peatonal o vehicular necesita de todos los ciudadanos un cambio de actitud, de mentalidad, necesitamos un cambio cultural que favorezca que contemos con ciudades amigables y sustentables con el medio ambiente pero sobre todo, con las personas que, en última instancia, somos los destinatarios de cualquier iniciativa.

Al estado habría que exigirle más atención en ese sentido, invertir más recursos en las personas para que desempeñen un rol en el ordenamiento de la ciudad porque no se puede dejar todo librado a la iniciativa personal de cada ciudadano porque así cada uno sentirá que, porque paga impuestos, todo le está permitido. Hay mucho temor a que, si se ponen reglas, se tilde a los gobernantes de ser parte de una dictadura pero la anomia total tampoco es buena, la anarquía nunca fue un buen camino tampoco, lo más sencillo es usar el sentido común para el bien común y como en todo, que sea mejor prevenir que curar.

Es de sentido común también, que no todo lo pueden hacer las autoridades si primero no encuentran un campo adecuado para accionar, un colectivo dispuesto a colaborar para contar con una ciudad ordenada y, en ese sentido, siempre es bueno apelar a la familia, a los padres que con su ejemplo de conducta pueden ser modelo para sus hijos, los amigos de sus hijos y todos con aquéllos con los que interactúen.

María Inés Maceratesi
Directora Editora de EduVia
Orientadora y Consultora Familiar