educar-a-futuro

La Educación y la Seguridad vial podrían definirse como un camino de ida y vuelta, una ruta de doble carril o un combo en el que una sin la otra no tienen sentido y como tales deberían ser abordadas, de manera global, integral, transversal y transdisciplinar.

Los cursos para aprender a conducir y luego poder obtener el correspondiente registro o licencia de conducción, son muy pobres en contenido y el tiempo empleado en las clases también lo es. Hoy en día no es posible creer que con unas diez clases de manejo, cualquier persona se convierte en un conductor consumado porque no contemplan las limitaciones que puede tener una persona a la hora de subirse a un automóvil y tener que conducirlo. Los exámenes psicológicos y físicos no están diseñados para descubrir, por ejemplo, si alguien padece una fobia la que, en caso de producirse una situación difícil, hasta podría conducir a un accidente seguro.

Las evaluaciones finales son también un tema que merecería una revisión; no es difícil encontrarse con conductores que declaran sin ningún tipo de pudor, que es muy fácil acceder a las respuestas simplemente a través de una picardía como es el ofrecimiento de algún tipo de compensación a alguna persona que tenga acceso a las mismas.

El sistema de multiple choise también es poco serio para abordar una temática tan delicada como es la seguridad vial en el que muchas vidas están en riesgo y no tomamos conciencia de que no es suficiente la obtención de la licencia de conducir para demostrar que se sabe conducir un vehículo.

A través de mucho tiempo de compartir charlas con gente que conduce, tuve la desagradable comprobación, expresada por los mismos protagonistas, de que las licencia no son otorgadas únicamente por idoneidad y competencia sino que, muchas veces, son obtenidos a partir de una transacción comercial, (entiéndase: compra), se paga para pasar airosamente las pruebas necesarias para obtenerlos.

Si esto no comienza a cambiar, todavía deberemos lamentar muchos accidentes y muchas pérdidas humanas sin importar cuántos congresos, jornadas, cursos y charlas se hagan de Educación Vial en cualquier ámbito.

Hoy la Educación Vial se ha convertido para algunos en una moda, en algo que está bien visto realizar y en algo que también da una especie de status; tanto a personas como a empresas. Alguien que dedica parte o todo su tiempo a repetir tres o cuatro conceptos básicos, se convierte en una especie de gurú con la posibilidad de obtener un número de seguidores que le da protagonismo y una cierta exposición pública, especialmente en los medios de comunicación.

Tampoco basta con incluir en las currículas escolares la materia «Educación Vial» como tal sin abordar alguna temática transversal como puede ser la educación en valores.

El tema da para mucha reflexión y sobre todo para pensar por dónde comenzar a accionar para producir un cambio de actitud que se traduzca en una camada de conductores que efectiva y conscientemente asuman que, cuando se suben a un vehículo, están accediendo a un objeto que pueden transformar a su gusto y entender en una herramienta al servicio del bienestar o en un arma mortífera.

Por dónde comenzar

En primer lugar que la hora de los por qué y los para qué ya está suficientemente tratada y explicitada.

Llegó el tiempo de los cómo pero no se sabe muy bien por dónde ir.

Ya hay muchísimos programas que se aplican de manera algo caótica porque lo que falla, a mi entender, es la ausencia de una acción integral, programada, que abarque tanto a los niños como a los adultos, una acción circular que comience por los adultos y por los niños simultáneamente y luego vuelva a comenzar.

Tiene que haber una instancia de formación continua y aggiornada, dado que algunas normas se van transformando a medida que se transforman las infraestructuras viales, las características de los vehículos y también las condiciones humanas.

En el tema Educación Vial no hay que excluir a nadie, hay que trabajar con todos y para todos creando ámbitos de reflexión, de conocimientos técnicos y comenzar por lo básico, el sentido común.

Comprometer y convocar a un Equipo conformado por quienes estén más y mejor capacitados para inculcar aquellos conocimientos necesarios para la conducción responsable.

A los más capacitados para conducir grupos de reflexión sobre el valor de la vida, por ejemplo, o para contener y escuchar a quienes han sido víctimas o han perdido familiares en accidentes viales hay que ofrecerles un lugar y los recursos necesarios para tal fin.

Herramientas no nos faltan y recursos tampoco, simplemente falta una plan de acción general, con tiempos y modos de aplicación.

Pero en un momento en el que el tiempo es un recurso tan escaso, todo se hace mucho más difícil, todos estamos inmersos en una vorágine laboral en la que el factor económico es el regidor de nuestra vida. En pos de obtener un buen pasar para la familia, muchos padres se desconectan de su función principal, la de primeros educadores de sus hijos delegando esa función en la escuela u otros ámbitos.

Si la Educación Vial es mirada como una educación integral, tiene que tener un punto de partida en la familia, porque en ella se viven los valores que los hijos van adquiriendo de sus padres. Cada familia tiene un estilo de vida propio, con características también propias pero que son reflejo de lo que en la sociedad también se vive. Si los valores que se viven en la familia son los de respeto, solidaridad, amor, amistad… se reflejarán en el estilo de conductor. Si lo que se vive hacia el interior de la familia es la competitividad, el sálvese quien pueda, la violencia, la corrupción, también se reflejarán en el estilo de conductor.

Recordemos que no hay un estilo de conducción sino un estilo de conductor que genera con su accionar un estilo de conducción y, cuantos más sean los conductores responsables, más responsable será la conducción y menos posibilidades habrá de accidentes; lo mismo que en el hogar, los padres acompañamos a los hijos en sus opciones y elecciones, no anulamos sus opciones pero, se supone que los padres son las personas maduras emocionalmente para hacer un discernimiento claro para advertir del posible error o dar la seguridad de que una cierta opción es la correcta, así el Estado tiene que tutelar e intervenir para que las normas y leyes que rigen en materia vial, sean tomadas en serio, cumplidas y aceptadas.

Por supuesto que no hay en este mundo nada que pueda realizarse con absoluto convencimiento y seguridad porque vivimos en un mundo que cambió y en el cual ya no existen las certezas ni los absolutos para casi nadie, pero hemos caido en el otro extremo, el relativismo absoluto en el cual todo es según el criterio personal de cada individuo independientemente, de ahí que vivamos en sociedades caóticas. El personalismo invadió todos los ámbitos humanos y el YO es el que nos dice lo que está bien y lo que está mal.

Retomar la reflexión sobre el mundo en el que queremos vivir y nuestro rol dentro de él, es un debate que nos debemos y quizá así vayamos camino a mejorar nuestra vida, la de los que nos rodean, la sociedad y el mundo porque todo lo que se haga para mejorar nuestra estadía en este mundo, por más pequeño que sea, redundará en beneficio de todos.

En Educación Vial y Seguridad Vial, todos tenemos parte y todos tenemos que aportar los talentos que todos tenemos, sin olvidarnos que los títulos universitarios nos capacitan dándonos los conocimientos técnicos para ejercer una profesión pero el diploma del sentido común no se obtiene en los claustros sino entramos con él a los mismos a través de nuestra presencia, nuestros actos y nuestro modo de vivir. Así lo ejercemos en las rutas, en nuestra forma de conducir, en nuestra manera de reaccionar frente a la provocación, siendo pacíficos, conciliadores, dialogando y tratando de poner paños fríos a una situación compleja o por el contrario respondiendo a nuestras pasiones más bajas, el insulto, la pelea, los gritos, la violencia.

No todos estarán de acuerdo con estas reflexiones, quizá seguirán pensando que es prioritario conocer señales de tránsito y todo lo relativo a la técnica de la conducción y la seguridad pero, no estaría de más pensar si algunas de las frases aquí expresadas, sirven para comenzar a pensar ese plan de Educación General y de Educación Vial en particular que abarque todas las etapas de la vida y se desarrolle de manera continua para refrescar tanto la mente como el espíritu comprendiendo que la vida vale la pena y que todos tenemos el derecho y por qué no, la obligación de vivirla lo mejor posible tanto en la esfera personal como en la comunitaria.

Autor: María Inés Maceratesi
Directora/Editora de EduVia
(Puede reproducirse citando la fuente)