Hoy, como cada 5 de octubre, se conmemora el Día del Camino evocando el 1er Congreso Panamericano de Carreteras realizado en Buenos Aires en 1925.

Hoy es un día especialísimo para pensar en todas las acciones que se vienen realizando desde todos los ámbitos: educativos, empresariales, públicos y privados para paliar el flagelo de tantas muertes producidas en diferentes ocasiones y por diversos motivos en rutas, calles y caminos. Los siniestros viales se han llevado miles de vidas de personas de todas las edades y Argentina, a pesar de la multiplicidad de acciones tendientes a disminuir la tragedia que deja en cada familia la muerte de uno o varios de sus miembros en un hecho vial, ocupa uno de los primeros lugares en el mundo registrando más muertes diarias que otros países.

Desde todas las instituciones deberíamos hacer una revisión sobre lo realizado a nivel concientización de conductores y peatones y tratar de desentrañar cuál es el factor o los factores que producen más víctimas y trabajar sobre ello. El tránsito es un problema complejo, multifactorial y multicausal, minimizar o maximizar alguno de ellos nos dejaría la tarea incompleta.

Desde todos los ámbitos se reclaman mayores controles, más respeto por las normas, más educación vial, más elementos de seguridad incorporados a los vehículos pero, aún así, no logramos disminuir los riesgos.

Y el tránsito se desliza por rutas, caminos y calles cada vez en peores condiciones, lo cual tiene que ver también con la escasa inversión que se realiza por parte del estado para mejorarlos. Argentina está en un momento en el que la gente se ha vuelto individualista y no cuida el bien común, los obreros enviados a subsanar baches en las calles o pintar sendas peatonales parecería que realizan su labor sin ganas, sin conocimiento de cómo hacerlo, sin preocuparse porque un trabajo quede bien terminado . Los semáforos se ven vetustos, rotos, algunos tirados en el piso por acciones vandálicas. Ni hablar de rutas sin señalización, con las líneas divisorias casi borradas, con múltiples pozos que necesitan rellenarse para no destruir los vehículos. Y así podríamos continuar enumerando fallas.

Pero dónde se encuentra la mayor de las faltas, en cada uno de nosotros, seamos conductores, peatones, pasajeros, somos presa rápida del malhumor, el insulto fácil, la pelea constante, la transgresión porque sí, de la violación de las reglas por el sólo hecho de que «otros las violan».

Necesitamos bajar un cambio y convertirnos en ciudadanos respetuosos que cuidan los bienes del estado como si fueran bienes particulares para que el dinero que se gasta en reponer todo lo que los ciudadanos destruimos, pueda utilizarse para construir nuevos caminos y rutas y reparar las ya existentes.

El problema también, como en muchos otros órdenes, es un problema político, los funcionarios que deben llevar adelante la proyección y construcción de caminos deben ser personas idóneas que ofrezcan y pongan al servicio de la comunidad toda su profesionalidad sin enredarse en la obtención de prerrogativas muchas veces ilícitas.

Las rutas, sean provinciales o nacionales son la via de comunicación con las que contamos los habitantes de este país y de todos aquéllos que nos visitan como turistas o eligen esta Argentina para residir.

Siendo mejores ciudadanos y no simplemente habitantes, cuidando que nuestras conductas sean las que se corresponden con los valores humanos.

Para finalizar, un especial saludo a Froilán González, el ex corredor y varias veces campeón mundial del Automovilismo deportivo que hoy, 5 de octubre de 2012, Día del Camino, cumple sus primeros noventa años. Alguien que además de ser un grande en el deporte es un gran ser humano.

 

 María Inés Maceratesi