Por María Inés Maceratesi

Maria Ines Maceratesi

Luego de un breve descanso de la vorágine de las fiestas de Navidad y Año Nuevo, retomo esta tarea con un poco de todo, de sentimientos encontrados, de incertidumbre, pero también con una gran dosis de esperanza.

Son varios los testimonios que estoy recibiendo de personas que, a partir de la pérdida de un ser querido en un hecho vial o de inseguridad, comenzaron a trabajar para mejorar el caótico clima que se vive en nuestras calles y rutas. Trabajan incansablemente y no se doblegan ni aflojan a pesar de los obstáculos, un ejemplo de ésto son Las Madres del Dolor con Viviam Perrone a la cabeza, trabajando en conjunto con Carolina Píparo, Isabel Yaconis y Matías Bagnatto entre otros. Ellos lograron la sanción de la Ley de delitos viales luego de muchos años de insistir sobre la pena que merecían aquéllos que eran responsables de las muertes de muchas personas.

Otro ejemplo es Julio Ambrosio que, a través de su Fundación comenzó con la tarea incansable de concientizar sobre los riesgos de una mala conducción y pintando estrellas amarillas en lugares estratégicos donde se haya producido una muerte.

Hoy muchas de esas personas e inclusive yo, que me dedico a informar pero también hago una tarea formativa integral transmitiendo lo que soy lo que se, nos sentimos cansados, agobiados y desilusionados porque comenzamos pensando que seríamos propulsores de una cultura vial más sana y parecería que todos los esfuerzos a través de los años (en muchos casos gratuitos y voluntarios la mayoría), no vemos resultados satisfactorios; por el contrario, da la sensación de que cada vez hay más peatones imprudentes, más conductores irrespetuosos de las normas, más jóvenes que siguen corriendo picadas en auto o en moto, más ciclistas que no respetan los semáforos. Todo dentro de un marco social y político que también debe replantearse luego de muchos años de acostumbramiento a no cumplir con las normas de cualquier tipo. El sentido común y la experiencia nos muestran que es mucho más fácil destruir que construir, de ahí que volver a un modelo social basado en el respeto y la convivencia, llevará muchos años.

Esperemos que el nuevo año renueve nuestros deseos de servir para la construcción de la cultura de la vida porque lo importante, no es tanto lo que hacemos hoy, sino lo que dejamos para los que han de venir. Tenemos que decirnos a nosotros mismos y también a los que hoy no tienen ánimo para seguir, que un cambio comienza con uno y se va contagiando de persona a persona con actitudes que contribuyan solidariamente para una sociedad eco sustentable