Editorial

Por María Inés Maceratesi

Muchos somos los que nos preguntamos qué estamos haciendo los ciudadanos respecto de la Seguridad Vial y no podemos respondernos, quizá hay una apatía en cada uno, un cansancio que nace de la impotencia, de no poder llegar a transmitir lo que en realidad significa para el ser humano respetar su propia vida y la de su prójimo.

Esta semana fueron múltiples las experiencias que traté de mirar en profundidad para tratar de entender por qué la gente se comporta tan mal en la calle. El lunes salí de mi casa y, como muchas veces conté, en la esquina hay una estación de servicio en la que nunca se dignan los empleados, dar alguna indicación para que, los que entran a la misma, no interrumpan ni el tránsito, ni el cruce peatonal.

Me ubiqué en esa esquina para cruzar y automáticamente veo que un auto interrumpe la senda peatonal y los autos y camiones que doblaban, tenían que hacer una curva muy abierta para pasar como les hubiera correspondido si ese auto no hubiera estado allí.

Con toda mi paciencia me acerqué al auto en cuestión y le pregunté por qué interrumpía el paso y me respondió que no podía esperar a que otros se fueran porque perdía el turno para cargar combustible. El acento del joven era latinoamericano y la mujer que lo acompañaba y quien conducía, no pudo abrir la boca para decir una palabra.

Les expresé mi disgusto y el joven se enojó diciéndome que no le importaba nada sino entrar a la estación de cualquier manera y me preguntó qué quería yo que hiciera. Por supuesto le respondí que lo primero que tenía que hacer era aprender las normas de tránsito de nuestro país y sobre todo, respetarlas y a la joven le pregunté quién le había otorgado la licencia de conducir pero no respondió.

Hechos como éste me suceden (nos suceden) todos los días, tanto por parte de conductores irresponsables como caminando por las veredas. Me pregunto a qué se debe tanta prisa, a dónde quieren llegar antes que los demás, por qué actúan como si algunos fuéramos invisibles, por qué manejan mirando el celular o hablando por teléfono. ¿Será tan insuficiente el trabajo que tantos hacen con la educación y seguridad vial que no rinde sus frutos? es una pregunta que me hago a menudo y en realidad de lo que me doy cuenta es que a los demás les interesan solamente las cuestiones que les atañen personalmente. Y ahora se nos suman nuevos habitantes no familiarizados con nuestras normas viales. Ahí quizá tendría que dirigirse alguna acción educativa destinada a ponerlos en sintonía a quienes llegan de otros países.

Por consiguiente, nunca vamos a lograr que respeten las normas viales porque no les interesa, Hay una falla en la base que aún no logro aislar para operar sobre ella porque es una falla que cometen hombres y mujeres de todas las edades.

Es muy impresionante darse cuenta el poco valor que algunos le dan a la vida, como si fuera un bien que puede reponerse como un artículo en la góndola de un supermercado. En fin, así estamos y realmente no se sabe cuál es el método a introducir en la enseñanza para que se revierta este estado de cosas, mientras tanto, los caminantes salimos sin saber si regresamos sanos y salvos o si seremos atropellados por un Pierre Nodoyuna, ese personaje de Hanna Barbera que corría carreras cometiendo todo tipo de infracciones.