Ruta 144

Por María Inés Maceratesi

Qué difícil se hace vivir en un mundo en el que estamos permanentemente en peligro; si salimos a la calle corremos muchos riesgos y si no salimos nos neurotizamos y enfermamos. Realmente hay momentos en los que no sabemos qué hacer. Nunca hay que mirar para atrás porque suponemos que el hoy es lo único tangible e importante que tenemos como personas habitantes de un mundo cambiante y globalizado pero, hay ciertos momentos en los que algunos añoran el tiempo pasado porque no había tantos peligros latentes y éso hacía que fuéramos más confiados y por consiguiente más felices.Podíamos jugar tranquilamente en la calle sin correr el riesgo de ser atropellados por un auto o una moto.

Hoy es diferente y la discusión que se genera alrededor de las muertes inesperadas por accidentes o siniestros viales son confusas, no sabemos por dónde comenzar a esbozar un plan destinado a minimizar los riesgos. Lamentablemente a veces, parecería que todas las iniciativas fracasaran, tanto las de enseñar educación vial, como las de exigir a las automotrices que adosen más elementos de seguridad pasiva, como también la manera de evitar el uso de dispositivos electrónicos mientras se conduce o se circula como peatón o conductor.

Y lo más lamentable es que cuando se produce un hecho como el conocido recientemente en el que alumnos de una escuela de danzas fueron víctimas de la suma de estas cuestiones, se reaviva la necesidad de elaborar otro tipo de acciones destinadas a frenar hechos que, muchas veces son delictivos.

En realidad es mucha la gente que está trabajando de buena voluntad en el tema vial, ya sea en escuelas u otros ámbitos pero no se logra alcanzar un resultado que evite los accidentes y a la vez se note que son muchas las buenas iniciativas que se llevan adelante.

Quizá haga falta algo más que ir directamente a atacar las causas de los mismos, quizá hay un paso previo que estamos obviando, quizá y como en toda actividad, debería evitarse la dispersión y la fragmentación y, de una vez por todas, encarar algo más orgánico, con proyecto y participación de todos los actores sociales y políticos.

Toda actividad de prevención comienza con un diagnóstico y éste se basa en datos concretos, cuántos accidentes hay en este lugar, cuántos han muerto, cuántos sobrevivieron y cómo, cómo se encuentran hoy los afectados directa o indirectamente.

¿Qué organismo con diversos brazos tenemos para evaluar estas premisas?. A mi entender o por lo menos según la información que me llega, no conozco que exista. Los que brindan cifras son generalmente Asociaciones como Luchemos por la Vida, Ovilam, Cesvi, Isev pero al parecer, resultan sólo números sin peso, los números de las víctimas comienzan a tener peso cuando conocemos sus nombres, su edad, su estado civil, si murieron y dejaron niños y algunos datos más.

A mí personalmente, me impresionó un caso del accidente de Mendoza en la RN 144 o mejor dicho dos: uno el de una mamá que acompañaba a sus dos nenas pequeñas y murió, salvándose las dos niñas y la abuela de las mismas y otro es el del hijo del chofer que iba a ser papá en poco tiempo más. Más allá de si tuvo o no la culpa, cosa que determinaran los estudios del caso y la justicia, en el aspecto humano ese joven de treinta y pico de años, dejó una incipiente familia. ¿Alguien puede pensar que en su condición quiso cometer un delito o suicidarse?. Algo más pasó y para éso tenemos que remitirnos a los momentos preliminares del viaje.

¿Quién no tuvo un hijo que hizo un viaje de estudios grupal o de egresados?. Los padres y profesores o maestros acá tienen una gran responsabilidad respecto de quiénes serán los contratados para prestarles el servicio. Ya sé que muchos dicen que se basan en la confianza de que todo está bien pero, al menos en lo referente a habilitaciones del micro y de los conductores, hay que pedir pruebas objetivas que deslinden futuras responsabilidades, verificar si todo lo que les venden en una agencia es real, y sobre todo en cuestión viajes, no pretender ahorrar un peso y contratar lo más barato porque se sabe que a la larga resulta más caro.

Quizá también certificar que los papeles del micro estén actualizados al igual que el registro y los antecedentes del conductor; hoy es muy fácil acceder por internet a un registro por patente donde se ve si han cometido infracciones por exceso de velocidad y otros. Si como cuentan algunos sobrevivientes, al conductor del micro siniestrado le pidieron que bajara la velocidad y no lo hizo, no habría que tener reparos en exigirle a cualquier conductor que se detenga y ponerle los límites adecuados, es preferible tener una charla incómoda que esperar que el micro se estrelle como en este caso.

En la previa, durante el transcurso y también al final del viaje, se hace imperiosa una evaluación y, si no satisfizo a los participantes porque objetivamente algo anduvo mal, quejarse y elevar una nota a quien corresponda para que la agencia sea sancionada.

Así vuelvo al principio ¿cómo encarar una acción socio política para minimizar riesgos? haciendo participar a todos los actores por grupos pequeños, en escuelas y otros ámbitos, simplemente para escucharse y ver qué se dice de la problemática vial, algo que muchos quizá ni ven porque, suponemos que a las personas todas les interesa y quieren aprender y comprometerse más pero no es así, sólo lo suponemos. Sería importante que en grupos de diez o doce personas conversaran entre ellos y luego, al poner en común, pudiéramos definir qué acciones realizar para ese grupo en particular.

Ahí tienen que intervenir los padres, primeros educadores, los especialistas, que los hay y muy buenos, y agregar otros elementos para facilitar la reflexión profunda sobre la responsabilidad que conlleva el uso de un vehículo y también la responsabilidad que tenemos como peatones.

Y cuento una pequeña anécdota que sucedió hace una semana en la estación de servicio donde mi esposo cargaba nafta y revisaba la presión de aire de los neumáticos. Se le acerca un joven a preguntarle cómo hacía para saber cuándo debía agregar aire a las gomas de su auto. Mi esposo le explicó y también le preguntó si había leído el manual de uso de su auto porque allí figuraban los datos. Y no, ni lo había leído ni sabía para qué servían muchos de los dispositivos que el auto trae para verificar su estado. ¿Ésto no es una irresponsabilidad?.

Y así con todo pero, si no nos ponemos las pilas, se seguirán exigiendo políticas públicas en un momento de la vida política en que estamos en transición y los que ocupan puestos de resolución de problemas o cargos públicos específicos, están solamente mirándose el ombligo y viendo cómo conservar poder y fueros. Y en cuanto a todo lo referente a la cuestión vial, debería darse a conocer y publicitar para que nos enteremos qué se hace y cómo, centralizar la información y darla a conocer a la prensa. Hay mucho por mejorar y mucho se está haciendo pero, hace falta organización, organicidad, proyecto, plan, políticas públicas y evaluaciones.