Chocando en la vereda

Crímenes y accidentes son hechos de muerte que consideramos violentos cuando son fruto de la maldad o la injusticia. ¿Nos detuvimos a pensar que muchos siniestros viales también son fruto de una actitud violenta o realizada sin otro fin que perjudicar la vida de un semejante?

En nuestra sociedad estamos inmersos en un clima de violencia generalizada que repercute en todos los ámbitos pero, en lugar de tratar de corregirnos mutuamente, nos enganchamos en un enredo verbal que puede desembocar en una agresión física.

Un conductor que circula por la ruta sin importarle a quién tiene al lado, adelante o detrás, que no anuncia con las señales de que dispone cuándo va a realizar una maniobra, está actuando de manera irresponsable y generando violencia entre quienes circulan en el mismo espacio.

En la calle noto que los conductores cada vez tienen menos paciencia para priorizar el cruce de las bocacalles por parte de los peatones, muchos de los cuales padecen imposibilidades motoras. La sociedad está deshumanizada y tenemos la obligación de contribuir a generar un poco de misericordia por el minusválido y no hacer prevalacer la superioridad que puede otorgar temporalmente el transitar por la etapa de la juventud o poseer un vehículo con el cual asustar y llevarse al mundo por delante.

La clave está en la familia pero, aunque se repita un y mil veces, hay padres y madres que parece que no se dan cuenta de lo mal que educan a sus pequeños hijos, ya que circulan caminando o en un vehículo sin tener en cuenta ninguna norma de buena educación, un ejemplo claro que luego se amplía en otros escenarios es una cuadra cualquiera de cualquier barrio porteño típico: una mamá que viene caminando con su o sus hijos, llevando el carrito con la mochila escolar y de repente se enfrenta con una persona que camina en sentido contrario pero, no hace el mínimo movimiento que anuncie que nos va a esquivar, todo lo contrario, siguen caminando como si no viniera nadie de frente hasta que se hallan frente a frente y alguien se tiene que correr. Esta mamá está enseñando a sus hijos que ellos son los “primeros”, los “privilegiados”, los que tienen todos los derechos y no se tienen que correr porque significaría demostrar debilidad. ¿Se entiende a dónde apunto?. ¿Habrá que instalar el mano y contramano en las veredas? ¿O habrá que circular munidos de cartelitos que indiquen por dónde vamos a movernos?

Estamos en situación de ponernos por delante de todo, por no ceder un palmo de lo que consideramos nuestro derecho y nuestra valía que no es otra cosa que el individualismo generalizado en su máxima expresión porque luego se traslada a todos los ámbitos.

El que circula por las veredas chocará pero lo único que cosechará es una reprimenda -después de todo hay que decirles algo para que aprendan – pero cuando están sentados frente al volante de un auto o circulan en moto y/o bicicleta, será mejor que evitemos confrontar porque siempre saldrán ganando y alguien saldrá herido.

Ayer cortó el semáforo que me daba lugar a cruzar y un joven en bicicleta parecía no vernos a quienes cruzábamos y avanzaba sin inmutarse. Se me ocurrió decirle que tuviera cuidado y no sólo me miro mal sino que me hizo burla. Entonces vuelvo a formularme la pregunta de siempre: ¿hay que enseñar Educación Vial o hay que educar para saber conducirse? Por lo que se ve, lo que necesita esta sociedad son padres y madres que enseñen e inculquen buenas maneras, buenos modales y de vez en cuando admitir que para ser el primero hay que hacerse el último. Que los niños aprendan a ser gentiles pues la gentileza parece que pasó de moda. Los niños nacen puros sin maldad y sin violencia, la violencia se les genera desde afuera, cuando ven las actituides de los mayores, especialmente de sus padres.

María Inés Maceratesi
Directora de EduVia