Cuatriciclo

Cada verano nos sorprende con una muerte más por el uso de los cuatriciclos en las costas bonaerense en una temporada que recién comienza. Pero si seguimos la lógica, el número de muertos y accidentados por el uso indebido de vehículos de este tipo que se entregan a los niños y adolescentes como signo se un status determinado, se multiplicará.

Ante estos hechos los primero que uno llega a pensar es cómo un niño de doce años estaba conduciendo un cuatriciclo de alta gama, de alta potencia, acompañado por amigos y sin las mínimas medidas de seguridad ya que no tenía ni siquiera puesto un casco.

Es muy difícil hacer que otros comprendan lo que algunos vemos, hacemos o decimos porque nuestro estilo de vida nos lleva a cuidarnos y cuidar nuestros bienes. ¿Y qué mayor bien pueden tener los padres que sus propios hijos? no creo que haya un solo padre una sola madre que no pueda entender que los niños no son adultos en miniatura. Así seguimos dándoles responsabilidades para las cuales no están preparados, elementos que no debería usar hasta que fueran más grandes y sobre todo, no sabemos darles límites. Los límites siempre se piensan como algo que uno tiene que ponerle a los niños y en realidad es algo que debemos darles, es una herramienta que les servirá no sólo ahora que son niños sino que los irá acostumbrando a entender más adelante, cuando ya sean adultos, que hay que adoptar medidas que nos ayuden a protegernos para no caer inútilmente en algo que pueda terminar con nuestra vida.

Los niños son inconcientes, de lo contrario no serían niños, los niños necesitan que los adultos, especialmente su papá y su mamá, estén atentos a lo que es bueno para ellos y no que ante cualquier berrinche, terminen haciendo lo que ellos quieren con las consecuencias que puede aparejarles.
No se puede juzgar ligeramente lo que sucedió con el niño que murió en Cariló aplastado por un cuatriciclo que iba conduciendo, no sabemos las circunstancias que rodearon el hecho, no sabemos si el vehículo era de él, si se lo compraron sus padres, si se lo prestó algún amigo, es lo que menos interesa; el hecho es que nadie se compromete, nadie se mete, nadie hace nada, ni los que pasan caminando alrededor, ni las normas que rigen los balnearios se respetan, es como si ya estuviéramos cansados de machacar sobre temas que a veces, parece que nos interesan solamente a los que trabajamos cada día en pos de concientizar para evitar muertes inútiles.

Esperemos no cansarnos del todo pero, evidentemente, lo que estamos haciendo no está llegando con la contundencia necesaria a quienes tiene que llegar. Pero tratar de interpretar un hecho como éste simplemente aislándolo del contexto en el cual estamos insertos como sociedad, no es posible. En una sociedad que no respeta ninguna norma, ningún límite, una sociedad en la que la transgresión es la norma básica de comportamiento, es muy difícil que podamos llegar con una prédica mínima a quienes queremos que nos escuchen. Por eso hoy más que nunca tenemos que reconocer que la familia es la primera y pequeña sociedad en la que vivimos, nos educamos, aprendemos comportamientos y valores.

No es de ahora, hace mucho tiempo que se viene gestando una sociedad en la que la familia tiene que cambiar todo su esquema de funcionamiento en pos de un estilo de vida y una cultura que le dice desde todos los ángulos que no se puede reprimir a los hijos, que no se los debe castigar -y no me refiero a un castigo corporal sino a la supresión momentánea de algo que realmente les cueste aceptar a los niños – , que tiene que acceder a la tiranía de los hijos para no sentirse culpables, para que mañana no les reprochen no haber podido hacer o tener lo que otros hacen y tienen. Un error de dimensiones extraordinarias porque los hijos, son mucho más felices y se sienten más seguros cuando comprenden y saben lo que sus padres pueden o no darles. De esas familias con niños pequeños mañana surgirán quienes ejerzan cargos públicos, surgirán los futuros gobernantes…

Y la pregunta que hoy me surge es ¿qué familias tuvieron los gobernantes que hoy no pueden hacer que una norma simple como que un menor no pueda conducir un cuatriciclo, sea cumplida? seguramente tuvieron una familia en la que no importaban las normas, no importaban los límites y si no fue en la familia, en algún lugar no aprendieron a hacer lo que se debe o dejaron de hacerlo porque es más fácil vivir sin preocuparse por nada.

Comenzamos este artículo diciendo que se hace un uso indebido de los cuatriciclos. Indebido quiere decir que no se debe, que no corresponde. ¿Habrá que aprender a interpretar las palabras? ¿Será que nos quedamos tan cortos de vocabulario que no entendemos el significado de las mismas?. El significado de las normas…hacer las cosas que son las normales, pero seguimos interpretando la palabra como coherción a nuestra libertad. Y así podríamos seguir indefinidamente, sólo me gustaría terminar diciendo que las palabras nos remiten a los hechos y si no, son vacías de contenido. Habrá que hacerles entender, tanto a los niños como a los adultos que la muerte existe, que no hay que andar por la vida desafiándola y respetar lo que los mayores nos enseñan, claro, siempre y cuando ellos hayan primero aprendido y estén dispuestos, con tiempo y con humor como para transmitírselos.

Gracias a Dios no son todos los padres los que son tan complacientes y sucumben al miedo a los hijos, a la cultura reinante o la desidia; justamente esos padres, esas familias que hoy se atreven a desafiar a otros por proteger la vida de sus hijos, son los que quizá podrían contagiar a quienes no lo hacen. Arriesgarse a ir contra corriente es un enorme desafío pero vale la pena si con esa actitud salvamos la vida de nuestros hijos y de otros también. No les demos un arma, démosles amor, tomémonos tiempo para compartir, no perderlos de vista ante una situación de peligro, ante un escenario desconocido. Atrevámonos hoy al NO para no tener que llorar mañana por haber dicho SI sin evaluar las consecuencias. La seguridad vial depende de muchos factores pero principalmente de los adultos.

María Inés Maceratesi
Directora de EduVia