Por: María Inés Maceratesi

Hoy es el Día Mundial de la Violencia Vial, y nuevamente las noticias nos sorprenden con un nuevo incidente vial: un conductor ebrio impacta sobre la cabina de peaje en la autopista Ricchieri y mata al cobrador. No hay mucho más para decir ya que estos hechos se repiten semana tras semana, especialmente los sábados por la noche y madrugada del domingo. El tema es muy preocupante, porque otra vez el alcohol está presente como causal de tantos desastres que se pagan con vidas humanas. Lamentablemente se toma muy a la ligera esta situación, y cualquier intento de sancionar como corresponde a los conductores que manejan luego de haber ingerido bebidas alcohólicas parecería ser una intromisión en la vida privada en medio de una sociedad que pretende moverse en los límites antes que en la mesura y la sensatez.

La raíz del problema -que es grande y grave- se la podría buscar por diversas vias; algunos serán partidarios de soluciones extremas expresadas a través de prohibiciones varias que, por supuesto, necesitan el compromiso de las autoridades correspondientes, como puede ser más controles, más restricciones, más sanciones o más dispositivos de seguridad y prevención, pero lo cierto es  que ninguna medida puede reemplazar a la autoprohibición, el autocontrol, la autorrestricción o la autosanción en el sentido de que las cosas son lo que son, pero se convierten y transforman a través del uso que de ellas hace una persona.

De ahí que si decimos que alguien no puede conducir porque bebió alcohol, deberíamos plantearnos si el alcohol impacta en todas las personas de la misma manera, ya que algunas son afectadas por mínimas cantidades y otras no.

El cuerpo da señales

¿Pero quién puede evaluarlo?; solamente quien bebe conociendo la reacción de su organismo al alcohol. El cuerpo da señales que generalmente no son registradas como corresponde; da señales de todo tipo, físicas y psíquicas; también sensoriales como mareos, pérdida de sensibilidad, vista nublada, lenguaje entrecortado; simplemente hay que reconocerlos, escucharlos y tenerlos en cuenta para el futuro, si es que ya se han experimentado. Ese es un caso, quien experimentó las consecuencias y está dispuesto a no volver a repetir la experiencia especialmente si luego debe conducir un vehículo, pero también está el individuo que anticipadamente decide no beber alcohol porque ha sido advertido de las consecuencias posibles en caso de conducir, ya sea a través de la educación, de la publicidad o de la formación puntual. Este último puede decirse que ha confiado en lo que le han transmitido a manera de prevención y lo pone en práctica, no se rebela ni se arriesga, se AUTODOMINA en función de un bien mayor como es conservar y cuidar la vida propia y ajena.

El autodominio es una virtud, y una virtud es un bien superior que nos debería caracterizar como seres humanos. Lamentablemente, en la actualidad, una vida virtuosa es considerada una aburrida antigüedad porque no transgrede normas tácitas y consensuadas por costumbres; alguien con virtudes hoy en día es poco menos que un anormal. ¿Y quién está dispuesto a ser catalogado de esa manera?, solamente el que posee autodominio o autocontrol, o sea el que antes de dominar o caer en el desenfreno, el error o la estupidez,  prefiere dominarse a sí mismo, el que se conoce y comprende que si hace o no hace tal o cual cosa, los resultados cambian para bien o para mal; el que sabe y acepta que si hace algo que acarrea consecuencias graves no lo hace, se autodomina porque, lógicamente, ésta es la actitud que corresponde a un ser racional, y lo contrario lo equipara con los animales.

El autocontrol permite interactuar con las demás personas y ante las situaciones más adversas cuando se está realizando lo que se debe hacer para lograr los fines propios. (Definición Real Academia Española)

«Si vas a beber no conduzcas»

Muy cierto desde el punto de vista planteado, pero el asunto es cómo hacer que se entienda y acepte que nos encontramos hoy con jóvenes, y no tanto; con hombres y cada vez más mujeres que crecieron en la anomia familiar, social y política producto de dictaduras que hay que superar y que hizo que, en pos de los derechos humanos, nos convirtamos en individuos inhumanos, egoístas e individualistas que no les importa la vida propia y menos aún la ajena. Es muy difícil el equilibrio, encontrar el punto en el que se enciende la luz roja y nos dice: «Hasta aquí, más no te es conveniente», y aceptarla, sin el ejercicio de ese autodominio mencionado que se comienza a inculcar desde pequeños en el seno de la familia.

Habría que pedirles a padres y maestros que entrenen a los chicos en este sentido tal como entrenan su físico para rendir deportivamente. Entrenar las virtudes, entrenar el autodominio puede ser que produzca el click que estamos buscando para evitar accidentes/incidentes de tránsito y de violencia en general, ya que quien no posee autodominio no puede dominar un auto.

Las consecuencias de esa falta de autocontrol están a la vista; basta leer los diarios o ver los noticieros por televisión. Por más que taladremos oidos con mensajes, contaminemos el ambiente con carteles en rutas y calles y nos rompamos la cabeza acusando a autoridades por falta de leyes, controles y sanciones, sin un individuo (recipiente) dispuesto a recibir y aceptar, inclinado a aprender de los que ya experimentaron, no cambiará nada.

Mucha gente, cuando se trata de educación infantil o juvenil, pregona la experiencia propia como la mejor escuela de aprendizaje, pero hay situaciones que llevan a la muerte y ¿qué padre o madre dejará a su hijo al borde del abismo para que se tire y se muera sin advertirle al menos?

Hay creencias viejas como «la calle es la mejor escuela» que hoy no forman parte de un discurso progresista; hoy el mensaje tiene que pasar por otro lado y el aprendizaje también, de lo contrario podemos llegar tarde. Si esperamos que la calle nos enseñe a conducir, por ejemplo, los resultados serán un desastre, porque el tránsito es caótico y la persona se vuelve también caótica y no acepta más que su parecer y todo lo mide desde su conveniencia.

Autodominio o el auto me domina

La advertencia referida «a mí me pasó», o «tené mucho cuidado», no son consejos innecesarios y menos aún con la calle como está hoy; pero hay que dar razones, y en estos casos una razón es: «Si tomaste y conducís te podés matar o matar a otros, porque tus sentidos y reacciones normales están disminuidas y distorsionadas por el alcohol. Debes autodominarte o el auto te dominará, y de esta situación no se vuelve con vida».