siniestralidad_vial

Quienes creen que los accidentes son sucesos aleatorios debieran pensar en la ley de probabilidades y recordar que hay situaciones de riesgo objetivable incluso en la conducción de vehículos a motor.

Los accidentes son situaciones que al producirse, ocasionan daños a las cosas o lesiones a las personas. A partir de esta amplísima definición, la bibliografía técnica de los analistas de los accidentes va presentando distintos campos de estudio según las circunstancias que introduzcan en el ámbito de sus trabajos.

En general, el concepto accidente va unido a lo súbito o a lo inesperado para los que lo sufren. No así para quienes tienen la responsabilidad que prever que se produzcan, tales como las Administraciones, los sectores profesionales, los empresarios y en general, las organizaciones que deben velar para anticiparse con actuaciones preventivas. No siempre, sin embargo, la situación imprevista y súbita acaba en accidente por lo que ante muestras de estudio de accidentes reducidas se introducen nuevos aspectos como los incidentes (como momentos de dificultad detectados objetivamente aunque no generen daños a las cosas o lesiones a las personas), como los denominados peligros o conflictos que pueden traducirse en situaciones de evidente daño o lesión no consumados o como los riesgos como situación detectada de posible accidente potencial. El accidente de tráfico no precisa que existan víctimas (heridos o muertos) sino solamente daños materiales (en los vehículos o en el lugar del accidente) aunque para ello precisa la existencia al menos de un vehículo en movimiento. Ello es comprensible por toda la dinámica de gastos y cobertura mediante seguros de automóvil que gravita alrededor de un accidente de circulación. En el Sector Asegurador, sin embargo, la especialidad más trascendente o cualificada en lo que se denominan “Siniestros con daños corporales” (accidentes con lesionados).

Hay otros analistas que incluyen en la accidentología o siniestralidad otros hechos como las catástrofes naturales (terremotos, ciclones, inundaciones, aludes, erupciones volcánicas, incendios forestales) o las guerras, aunque se trata de hechos que pueden afectar a colectivos importantes de personas que se ven heridos o muertos por politraumatismos, aplastamiento, quemaduras o ahogos cuya prevención presenta el conocimiento de otras especialidades y la aplicación de unas técnicas de grupo que, al parecer de otros expertos, se separan de las características particulares del accidente en sí, en cuyas circunstancias puede influir el comportamiento o actitud de la persona individual. Aparece así el concepto de la consideración de accidente a todo aquello que se produce en circunstancias súbitas o inesperadas pero previsibles e incluso corregibles sobre las que se pueden aplicar técnicas de evitación o paliación. Dentro de ese complejo campo, algunos analistas introducen conceptos como los de voluntariedad o no voluntariedad, conocimiento o desconocimiento, información o desinformación y responsabilidad o irresponsabilidad. Todos ellos subjetivos.

William Fine siempre creyó que los riesgos eran evaluables objetivamente y optó por demostrarnos que puede expresarse matemáticamente con un sencillo algoritmo.Y aunque solo se viene estudiando y aplicando su teoría en los accidentes laborales, es obvio que también lo puede ser en los accidentes laborales de tráfico y por lo tanto a los accidentes de circulación.

El método de William T. Fine es sencillo en su aplicación, pues consiste en valorar tres criterios y multiplicar las notas obtenidas en cada uno. Así, el Grado de Peligrosidad (GP) se obtendrá al multiplicar el factor

«Consencuencias» (C) por el de «Exposición (E) y el de Probabilidad (P).

Estos valores se introducen en un parte de comunicación de riesgo, en el que se determinarán los valores a utilizar siguiendo estas indicaciones:

Consecuencias (Factor C)

Se analizan los resultados que tendría la supuesta materialización del riesgo estudiado, siempre dentro de limites razonables y realistas. Para ello, se tienen en cuenta los riesgos para la vida de las personas (empleados y/o terceros) y los daños materiales que se producirían, dando puntos según esta tabla:

a) Catástrofe con numerosas muertes 100 puntos
b) Varios fallecimientos 50 puntos
c) Muerte con daños 25 puntos
d) Lesiones graves con riesgos de invalidez permanente 15 puntos
e) Lesiones que precisen baja médica 5 puntos
f) Lesiones sin baja 1 punto

Exposición (Factor E)

En este caso se valora la frecuencia en la que se produce una situación capaz de desencadenar un accidente realizando la actividad analizada. Se tiene en cuenta el momento crítico en el que pueden haber malas consecuencias, dándole una puntuación según las siguientes indicaciones:

a) De forma continuada a lo largo del día (muchas veces) – 10 puntos
b) De forma frecuente, con periodicidad diaria de al menos una vez – 6 puntos
c) De forma ocasional, semanal o mensual – 3 puntos
d) De forma irregular, una vez al mes a una vez al año – 2 puntos
e) De forma excepcional, con años de diferencia – 1 punto
f) De forma remota. Se desconoce si se ha producido, pero no se descarta la situación – 0,5 puntos

Probabilidad (Factor P)

Teniendo en cuenta el momento que puede dar lugar a un accidente, se estudia la posibilidad de que termine en accidente. Se tendrá en cuenta la causa del posible accidente y los pasos que pueden llevarnos a él, puntuándolo como sigue:

a) Si el accidente es el resultado más probable al hacer la actividad – 10 puntos
b) El accidente es factible – 6 puntos
c) Aunque no es muy probable, ha ocurrido o podría pasar – 3 puntos
d) El accidente sería producto de la mala suerte, pero es posible – 1 punto
e) Es muy improbable, casi imposible. Aún así, es concebible – 0,5 puntos
f) Prácticamente imposible. No se ha producido nunca pero es posible – 0,3 puntos

Corrección, coste y justificación

Una vez estudiada la actividad con este método y aplicada la fórmula ya comentada se puede obtener el valor GP (Grado de Peligrosidad), que se utilizará para obtener la justificación de la acción correctora (J).

Para ello se tiene que analizar qué disminución del riesgo se obtendría de aplicarse las acciones preventivas que propone la organización.

Hay que agradecerle a William T. Fine su esfuerzo en transformar el riesgo en un número. Los algoritmos suelen sin embargo ser la obsesión de los científicos que creen que cualquier suceso tiene representación matemática. Un criterio al menos, discutible.

JLPedragosa

Fuente: http://lideresvial.prevencionintegral.com/