A más velocidad, menor seguridad. El exceso de velocidad aumenta la frecuencia y la gravedad de los accidentes de tráfico
Un choque a 120 km/h equivale a una caída vertical de 54 metros.

Se proclama en todos los idiomas, desde los soportes más diversos, con métodos amenazantes o con la persuasión en boca de los portavoces más representativos de la sociedad que el exceso de velocidad mata. Sin embargo, la reiteración de este mensaje no tiene el efecto deseado entre los conductores. Sólo en Semana Santa murieron en las carreteras españolas 63 personas y la razón principal de estos accidentes fue, una vez más, la velocidad.

Aunque todos creamos saber cuál es la velocidad adecuada, el número de accidentes por esta causa no cesa de aumentar. Por ello conviene recordar que para circular de forma segura es necesario respetar los límites establecidos, levantar el pie del acelerador y adecuar la marcha a las características de la vía y a las condiciones meteorológicas. Se trata de llegar, no de hacerlo en el menor tiempo posible.


Factores que afectan a la velocidad
El comportamiento del conductor
La mayoría de los conductores jóvenes conducen más deprisa que la media, según la Dirección General de Tráfico.
Los conductores que realizan un desplazamiento largo tienden a conducir más deprisa que los que hacen un trayecto corto.
Algunos estudios sugieren que la velocidad depende en gran medida de la familiaridad del conductor con la carretera. A mayor conocimiento de la vía, mayor velocidad.
Las características de la vía
El factor que más limita la velocidad es la curvatura en planta debido a la sensación que causa en el conductor de aceleración centrífuga (de dentro hacia fuera) y que no está compensada por el peralte.
En las vías convencionales y en zona urbana se registra el mayor número de siniestros por sobrepasar los límites de velocidad.
Las curvas suaves son los tramos más peligrosos cuando se circula con exceso de velocidad. La causa es el exceso de confianza del conductor.
Las condiciones meteorológicas
La niebla reduce la visibilidad disponible y causa reducciones de velocidad en ocasiones excesivas. La DGT informa de que ante una granizada, el 52% de los conductores implicados en accidentes comete una infracción de velocidad.
Durante la lluvia, el 24% de los accidentes son motivados porque la velocidad es inadecuada.
Situaciones peligrosas
El riesgo de sufrir un accidente cuando se toma una curva a una velocidad incorrecta se triplica.
La configuración del terreno, la nocturnidad, el humo, la vegetación, los deslumbramientos, etc., a una velocidad excesiva incrementa en cerca de un 150% el riesgo de sufrir un accidente.
La velocidad y la gravedad de los accidentes
La proporción de accidentes mortales es 1,6 veces superior cuando la velocidad es inadecuada.
El exceso de velocidad duplica el número de fallecidos cada 100 accidentes y causa lesiones más graves.
Velocidad y circunstancias especiales
No basta con respetar los límites de velocidad. Las características de la vía y la meteorología, entre otros factores, hacen que la velocidad adecuada sea aquélla que le permita dominar el vehículo ante cualquier obstáculo o imprevisto que se le presente.
Si circula de noche con luz de cruce no rebase los 90 km/h.
Con lluvia de intensidad media reduzca su velocidad de 10 a 20 km/h.
En curva, si circula con luz de cruce, reduzca un 10% la velocidad señalada; si llueve un 30%, y ante peligro de hielo un 60%.
No es aconsejable circular por carreteras heladas, pero si no tiene más remedio reduzca su velocidad un 60%.
Los paneles direccionales no se limitan a guiar al conductor marcándole la trayectoria de una curva. Indican cuánto hay que reducir la velocidad sobre la velocidad máxima permitida: entre 15 y 30 km/h, de 40 a 45 o más de 45 km/h.
Consecuencias del exceso de velocidad.
En más de uno de cada tres accidentes la velocidad es inadecuada, lo que hace que el número de muertos aumente el 50%.
El 37% de los accidentes mortales de tráfico se producen debido a la velocidad, bien porque se sobrepasan los límites establecidos, o por conducir de forma inadecuada a las condiciones o circular a marcha lenta.
El 83% de los accidentes por velocidad se debe a que el conductor no adapta su conducción a las circunstancias que le rodean.
A medida que aumenta la velocidad, el campo de visión del conductor se va reduciendo hasta llegar a un escaso ángulo de 30º cuando circula a una velocidad de entre 130 y 150 km/h, mientras que parado, la visión binocular de una persona normal abarca los 180º.
Cuanto mayor sea la velocidad de aproximación a una curva mayor es la inseguridad potencial de ésta.
En una intersección, la posibilidad de maniobras evasivas de urgencia son menores si la velocidad es mayor.
La gravedad de un accidente aumenta con la velocidad con que se produce el impacto del vehículo contra un obstáculo fijo o móvil, o con el suelo en caso de vuelco. Las primeras consecuencias mortales aparecen a partir de una velocidad final de unos 25 km/h para los ocupantes de un vehículo no provistos de cinturón de seguridad, y de unos 40 km/h para los ocupantes que se lo han colocado. La probabilidad de muerte es de un 50% a unos 50-55 km/h en el primer caso, y a 65 km/h en el segundo. Un choque a 120/h equivale a una caída vertical de 54 metros.
Reguladores y limitadores de velocidad
Son dispositivos electrónicos mediante los cuales el usuario fija una velocidad que quiere mantener en un largo recorrido (regulador) o que no quiere rebasar (limitador).
El regulador permite fijar una velocidad de manera que el coche la mantiene de forma automática sin necesidad de actuar constantemente sobre el pedal, acelerando el motor en las pendientes y frenando ligeramente en las bajadas para que la aguja se mantenga en el punto deseado del velocímetro. El sistema se desactiva de forma automática en cuanto el conductor toca el freno o el acelerador, evitando así ser un estorbo ante una repentina incidencia de la circulación.
El limitador alerta al conductor cuando va a rebasar la
velocidad indicada. No le libera, por tanto, de llevar el pie derecho sobre el acelerador. El aviso se produce con una especie de «punto duro» en el acelerador por el que el conductor conoce la llegada de esta velocidad limitada. Si el conductor presiona con fuerza el acelerador, el limitador deja de actuar.
No utilice los reguladores de velocidad en carreteras sinuosas, con mucho tráfico, con niebla, lluvia intensa o en superficies deslizantes.
El limitador es muy útil en circulación urbana y en zonas con restricción de velocidad (obras en carretera), etc.
A pesar de que el sistema esté funcionando, siga manteniendo la atención sobre la conducción y esté preparado para actuar sobre los mandos del coche en cualquier momento. En ningún caso estas funciones sustituyen al conductor.

Fuente: Consumer.es Eroski