Varios proyectos en España aspiran a buscarle una salida al tabaco en forma de biocombustible. En Almería, la empresa Albaida Recursos Naturales y Medioambiente y la Fundación Cajamar han puesto en marcha el proyecto Investigación y Desarrollo de Etanol para Automoción (I+DEA). Su objetivo es producir un combustible que pueda sustituir a la gasolina convencional a partir de la chumbera (Opuntia ficus indica) y el tabaco arbóreo o moruno (Nicotiana glauca)Sus responsables señalan que es un cultivo sostenible.

Las dos especies están adaptadas a zonas semiáridas no utilizadas en la producción de materias primas o alimentos y con unas necesidades muy bajas de agua. El tabaco arbóreo es capaz de crecer en suelos abandonados o improductivos, afectados por la sequía o el uso excesivo de fertilizantes químicos. La biomasa que producen tiene un alto interés energético gracias al proceso de fermentación de su materia orgánica. La idea sería aprovechar los azúcares tanto de las plantas como de los frutos para producir un etanol como combustible ecológico.  

Las ventajas de este tipo de producción no solo favorecen al medio ambiente, sino también a la economía  

El proyecto está en fase de desarrollo. Entre las primeras tareas, se han establecido varias plantaciones experimentales industriales para estudiar su viabilidad. Para aumentar más el carácter sostenible del sistema de producción, las plantas de destilación se construirán a pequeña escala y para que funcionen de forma local.  

En Castellón, la empresa Azahar Energy, en colaboración con Abba Gaia, quiere también aprovechar varias especies de nicotianas, entre ellas el tabaco arbóreo. Sus responsables señalan otro factor interesante para su aprovechamiento. Esta especie se considera en Andalucía, Comunidad Valenciana y Cataluña una especie invasora. En estas comunidades autónomas se llevan a cabo labores de erradicación, en especial, en espacios protegidos. De esta manera, además de controlar sus efectos negativos sobre el entorno, se utilizarían para producir biocombustible.  

Los expertos de Azahar Energy se han puesto a trabajar en varios lugares de la Comunidad Valenciana, Murcia, Andalucía, Cataluña y Extremadura. El objetivo es aprovechar la planta del tabaco moruno para generar electricidad con su biomasa y aprovechar otra especie, la Nicotiana tabacum, para producir aceites para su transformación en biodiésel.  

Las ventajas no solo favorecen al medio ambiente, sino también a la economía. Desde esta empresa explican que se recuperan hectáreas agrícolas abandonadas, se favorece la creación de empleo, el asentamiento de la población en el mundo rural y la colocación de personas sin empleo.  

En Extremadura, varias cooperativas agrarias cacereñas especializadas en el cultivo y secado del tabaco para fumar utilizan ahora la biomasa de esta planta para la producción de energía térmica. Sus impulsores hacen frente así a la mala situación económica, agravada por el descenso del número de fumadores y, sobre todo, por los recortes de las subvenciones europeas. La utilización de este tipo de energía sirve para frenar el cambio climático, al evitar la emisión de miles de toneladas de dióxido de carbono (CO2) y para reducir la dependencia de los combustibles fósiles, destacan.  

Biocombustible de tabaco con ingeniería genética  

 Diversos investigadores en todo el mundo utilizan los últimos avances en ingeniería genética para mejorar las características de toda clase de cultivos. Uno de ellos es Vyacheslav Andrianov, de los Laboratorios de la fundación Biotecnología, en la Universidad Thomas Jefferson (EE.UU.). Su equipo trabaja en la modificación genética de las plantas de tabaco para su uso como biodiésel.  

Andrianov explica en un artículo, publicado en el ‘Plant Biotechnology Journal’, que el tabaco puede ser mejor que otros cultivos para la generación de biocombustibles. Se ha probado con éxito en motores diésel y podría ser una buena salida a muchas granjas de tabaco en crisis debido a la caída de las ventas.  

 

Las plantas modificadas generan en algunos casos hasta 20 veces más aceite  

Sin embargo, las semillas del tabaco, donde se concentra la mayor parte del aceite utilizado luego para el biodiésel, no suponen una gran productividad. El equipo de Andrianov ha modificado la planta para que uno de los dos genes, el DGAT o el LEC2, exprese más de lo normal. De esta manera, las plantas modificadas producen en algunos casos hasta 20 veces más aceite.  

El trabajo, según este experto, podría servir de base para la utilización de otras plantas con fines energéticos. Ahora bien, reconoce que conseguir el uso comercial del tabaco como biocombustible podría llevar más de cinco de años.  

Henry Daniell, de la Universidad de Florida Central (EE.UU.), se basa en la planta de tabaco como medio para su proyecto principal: la producción de bioetanol a partir de naranjas.  

El investigador ha creado una enzima derivada del tabaco mediante la clonación de genes de hongos y bacterias, un sistema mucho menos costoso que diseñarlas de forma sintética en laboratorio. La enzima descompone una amplia gama de biomasa, incluidos cáscaras de naranjas o desechos vegetales. Gracias a ello, se puede utilizar como materia prima para biocombustibles que no utilicen alimentos.  

 Fuente: Consumer