Los coches podrán detectar y avisar de los peligros en la carretera y llegar a activar los frenos por sí mismos para evitar una colisión gracias al sistema V2V

Alertar al conductor de los peligros
Cada año fallecen en Europa unas 40.000 personas en accidentes de circulación. Una cifra demasiado elevada que ha llevado a la Comisión europea a poner en marcha el programa i-Cars. Su intención es crear coches que se comuniquen entre sí y se alerten unos a otros de los peligros de la carretera.
Esta tecnología se conoce como V2V (vehicle-to-vehicle) o C2C (car-to-car). En ella trabaja desde 2005 el Consorcio de Comunicación Coche a Coche, integrado por ocho fabricantes de automóviles (Audi, BMW, Daimler Chrysler, Fiat, Honda, Opel, Renault y Volkswagen) y otros socios de investigación. Este consorcio es parte del citado programa europeo.

Aunque la comunicación entre vehículos está todavía en fase de desarrollo, se prevé que en cinco años sea una realidad. Lo que se busca es conseguir una tecnología de intercomunicación de acuerdo a las tecnologías que desarrollan las diferentes marcas. No tendría sentido que no fuera así.
El objetivo es aumentar la seguridad en la carretera y que todos los conductores cuenten con información suficiente de lo que ocurre a su alrededor para que reaccionen con antelación ante cualquier peligro. Como si tuvieran un sexto sentido. De esta manera, quien conduce se convierte en un receptor continuo de mensajes, al que le llega todo lo que ocurre en la carretera. Incluso lo que no está al alcance de su vista.

Un accidente de tráfico que provoca retenciones, un vehículo que circula en dirección contraria, un firme deslizante… Son algunos de los mensajes que podrán recibir los vehículos. Pero tampoco hay que confiarse ni bajar la guardia. Que el sistema parezca óptimo para reducir el número de accidentes no significa que el factor humano pueda relajarse. La tecnología se encarga de transmitir información, pero el conductor decide cómo reaccionar.
Hay que tener en cuenta que aunque el sistema sea capaz de activar los frenos por sí solo ante una colisión inminente, no se podrá delegar únicamente en el coche tanta responsabilidad. Además, cuando esta tecnología comience a popularizarse, el radio de acción será de unos 300 metros, una distancia a priori suficiente para poder reaccionar, pero que exige la atención del conductor para hacerlo correctamente.

Aprovechar las redes inalámbricas
La ventaja más interesante del sistema de comunicación entre vehículos es que los componentes a los que recurre ya están disponibles en la actualidad a un precio asequible: un microprocesador, un receptor del Sistema Global de Posicionamiento por Satélite (GPS) y un módulo inalámbrico LAN (wi-fi). Por si fuera poco, el V2V se aprovecha de otros mecanismos con los que ya cuentan muchos coches, como el sistema antibloqueo de frenos (ABS) o el programa electrónico de estabilidad (ESP).

Las estimaciones iniciales prevén la implantación del V2V en tres fases.
En la primera fase: la información viajará de un coche a otro, es decir, estos se comportarán como transmisores y receptores de mensajes.
En la segunda fase: se producirá un intercambio de datos con las motos, los centros del control de tráfico y la infraestructura vial: semáforos, señales, paneles de información y balizas.
La tercera fase: se ampliará a ciclistas y peatones que circulen por la calzada. La idea es que estos lleven una PDA de seguridad en la que recibirán las alertas.
Fuente: Consumer