Los controles del transporte público son insuficientes; afirman que hay menos smog que en los 80



Hace un tiempo, una nota publicada en un diario de la Ciudad de Buenos Aires, nos hablaba de la contaminación producto de los gases tóxicos que emanan autos, motos, camiones y colectivos y también de la falta de controles.

Son variadas las causas que se argumentan para justificar algo que no se comprueba en la realidad, basta con salir a caminar por cualquier calle de cualquier barrio para comprobar la cantidad de vehículos que circulan sin tener la menor consideración por las personas que transitamos esas calles

Así es que quedamos atrapados en nubes de gases tóxicos que automáticamente, nos llevan a taparnos nariz y boca en el afán de no respirarlos y contaminar nuestros ya castigados pulmones.

Esa misma nota nos advertía que, a pesar de las informaciones que proveía el Gobierno de la Ciudad sobre la disminución de la contaminación respecto de los años 80, se registró un gran número de vehículos emanando gases tóxicos y eludiendo sistemáticamente las inspecciones de los organismos correspondientes. Una muestra más de la incapacidad que tenemos muchos de acatar las leyes vigentes.

Los controles se realizan en las terminales cabeceras que tienen que estar sin pasajeros y muchos inspectores de líneas, avisan a los choferes cuando se instala un control para que eviten llegar a las cabeceras y estacionen las unidades a unas cuadras de las mismas. Así pasan por ellas solamente los que están en condiciones de enfrentar y salir airosos de las mediciones de humo y ruido.
Pero no sólo los vehículos de pasajeros son los contaminantes, sino también miles de autos particulares. Cuando se habla de corrupción generalizada, este item también debería incluirse dentro de ella, y podríamos preguntarnos ¿a qué se debe tanta dejadez? ¿a qué responde la falta de cuidados de las unidades para evitar la contaminación?.

En principio parecería haber un completo desinterés por el cuidado del ambiente y de las personas, pero también hay causas de otra índole en las cuales no vale la pena abundar porque todos las conocemos: se privilegia la ganancia a cualquier costo; parar un vehículo por unos días para hacerle las rectificaciones necesarias implica pérdidas económicas; horas de trabajo perdidas, etc. Entonces la conclusión pasa a ser la siguiente: deberiamos reflexionar qué es lo que privilegiamos, si la vida y el ambiente que la favorece o si optamos por seguir generando condiciones de enfermedad que a la vez, generan pérdidas inútiles a las instituciones sanitarias.

El papel del estado en éste y tantos otros temas es vital, estamos ante un estado ausente de los problemas concretos en los que debería poner su atención en lugar de preocuparse por ver quién se posiciona para gobernar en el futuro.
Pero los ciudadanos argentinos también estamos ausentes, primero porque no tomamos en serio los consejos de los que saben de los diferentes temas y preferimos seguir como si nada estuviera ocurriendo; y también estamos ausentes cuando no tenemos ni el interés ni las ganas de ser parte de la solución ya que la responsabilidad personal se traduce en responsabilidad social, y es el primer paso para lograr el bien común.

Debemos recordar en todo momento que no estamos solos en este espacio, que no solo mi interés es el que cuenta, que estamos influyendo con nuestras acciones y opciones, en la salud y bienestar propio y ajeno. Por supuesto que hay muchísima gente que se preocupa y se ocupa de favorecer condiciones de vida más dignas y saludables para todos pero aún falta esa conciencia ciudadana fuerte que nos advierta desde nuestra interioridad que todo es para bien de todos y no para mal de muchos y beneficio de unos pocos.

Hay mucho por hacer y por reflexionar, mientras tanto, seguiremos cubriéndonos la boca y la nariz en un gesto casi pueril pensando que estamos evitando el ingreso en nuestro organismo de sustancias nocivas. Seguiremos acudiendo a la consulta médica ante posibles alergias y a someternos a los vaivenes, caprichos y desinterés de autoridades y ciudadanos que no son capaces de asumir el rol que les corresponde en la esfera de la vida en sociedad.
Según el gobierno porteño, las áreas de la ciudad más comprometidas por el intenso tránsito son:
El microcentro, Liniers (Rivadavia y la avenida General Paz), plaza Flores, Caballito (Acoyte y Rivadavia), Plaza Constitución, Retiro, Belgrano (Cabildo y Juramento), Puente Saavedra, Parque Centenario, Recoleta (en el radio comprendido por Santa Fe, Pueyrredón, Las Heras y Callao), y la zona de Congreso.

Claves

En la Capital: circulan 1,7 millones de autos particulares por día, que emanan gases contaminantes junto con los 9600 colectivos y 38.000 taxis que desarrollan tareas en el distrito.

Mayor c
ontaminación
.
Los valores alcanzan a su tope en horas pico. Según datos oficiales, no superan el máximo tolerable de monóxido de carbono para el ser humano, que es de 9 partículas por millón (ppm).

Redacción: María Inés Maceratesi
Fuente de datos: Diario La Nación