Cuando transitamos a cualquier hora por las calles de Buenos Aires, puede sorprendernos en cualquier esquina un accidente automovilístico. A pesar de la existencia de semáforos y también frente a la presencia de algunos policías que están de guardia en algunas calles, el peligro sigue ahí y se agudiza día a día. A esa situación podríamos agregarle un elemento que es aún, a mi entender, mucho más preocupante, el humor y la agresividad de algunos conductores y/o peatones que no escatiman palabras y gestos a la hora de mostrar su disconformidad por alguna maniobra mal realizada o algún cruce de calle en momentos en que el semáforo nos advierte no hacerlo.
Me preguntaba entonces si será suficiente el sistema de resto de puntos de la licencia de conducir, si será suficiente una sanción cualquiera para evitar estas situaciones.

Un hecho puntual

Quisiera ejemplificar el tema con algo que me sucedió ayer, y no es la primera vez: voy caminando por una avenida , llego a la esquina de otra, espero la luz verde para cruzar y cuando llego a la mitad de la calle, un motociclista que tenía vedado el paso porque aún no se había puesto el semáforo en verde para él, arranca desde la primera fila de cuantos estaban esperando, a toda velocidad dejándome perpleja y paralizada en mitad de la calle; yo iba acompañada por lo cual le hicimos una señal de que tuviera cuidado por él y la respuesta no se hizo esperar, el conductor de dicha moto frenó un poco y se despachó con una descarga de insultos tremenda sobre nosotras.

Y no es la primera vez que nos pasa, nos sucede día a día en la calle, con los autos y motos, pero también en las veredas, con la gente que va caminando como si fuera sola y no circulara nadie más por ellas, así nos van pisando los pies, chocando y empujando sin miramientos de ningún tipo. Y ni qué hablar de las mamás jóvenes con cochecitos enormes que ocupan media vereda, o cuando hacen estacionar un taxi o un remise en cualquier lugar, aún frente a los portones de garages particulares -ojalá no tengamos que salir con nuestro auto en esos momentos porque será una odisea- sin importarles nada de los demás.

Los derechos propios finalizan donde comienzan los de los demás
Me pregunto dónde ha quedado ese axioma que dice que el derecho de uno termina donde comienza el del otro. Por lo menos, en algo regulaba nuestro proceder y nuestra conducta, había un parámetro que nos regía y que respetábamos; hoy no existe, hoy el derecho es mío y la obligación es de los demás para conmigo, esa parece ser la premisa. Desde luego que no debería serlo, pero lo es.
Hoy me despierto escuchando que asesinaron a un taxista, que un auto particular lo persiguió hasta que lo alcanzó – por un roce previo entre vehículos – y lo mató de cuatro balazos. ¿Pero dónde estamos viviendo los argentinos? ¿Cuáles son los valores que nos quedan como para organizar nuestra convivencia en este tiempo?. ¿Cómo ser parte, involucrarse y comprometerse con el otro si el otro no quiere y lo que es peor, si se enoja corremos el riesgo de que nos mate? ¿En razón de qué se permite a cualquier persona portar un arma sin evaluar su condición psicológica periódicamente?.

La inseguridad, el monstruo que nos persigue
¿Acaso la inseguridad es una excusa para todo? ¿Acaso será que es más válido actuar violentamente primero para que el otro no me gane de mano?. ¿Cuál es el rol que cumplen los policías que están en algunas esquinas ajenos a todo, jugando con sus celulares, enviando mensajes de texto o conversando con algún vecino sin interesarse por lo que sucede a su alrededor?.
¿Y de qué seguridad y educación vial tenemos que hablar cuando no tenemos educación básica, modales, capacidad de detener los impulsos agresivos, controlarlos y dirigirnos al otro con respeto, como si habláramos con nosotros mismos?
¿Puede ser que algunas personas estén tan enojadas consigo mismas que las lleva a enojarse con medio mundo?. Personalmente pienso que nadie que no se respete puede respetar a otro, nadie que no se valore puede valorar a los demás, nadie que no se sienta vulnerable puede entender que la vida es efímera y vulnerable, que un accidente puede dejar incapacitado a otro pero también a uno mismo, que todo tiene un límite pero hay que tener la madurez de reconocerlo y aplicarlo.

Vivimos en una sociedad inmadura y adolescente, como individuos expresamos nuestro deseo de que cambie para bien pero, en el fondo, cuando nos toca actuar en medio de mucha gente, demostramos una total incapacidad de autocontrol y sale lo peor de nosotros mismos en forma de incontinencia verbal primero y luego de manifestaciones físicas violentas.
Pero de nada sirve seguir haciendo un diagnóstico sobre estos temas, más vale comenzar a actuar y para ello, nada mejor que apelar a la cordura de, aunque sea una persona que se encuentre cerca nuestro; puede ser un padre, una madre, un hermano o hermana, un amigo, nuestro cónyuge…porque es casi imposible que dos o más tengan las mismas reacciones en el mismo momento.

Pasar de las palabra a los hechos

Supongamos que vamos en el auto, conduce nuestro esposo y alguien nos sobrepasa, seguro que él se pone nervioso, no le gusta que el otro lo sobrepase y comienza a perseguirlo ¿qué hacemos?…¿dejamos que lo haga porque si no sería mostrarse más débil? o por el contrario deberíamos calmarlo y conformarnos pensando: ¿no será mostrarse más fuerte y equilibrado adoptar una actitud de minimizar la acción por el bien propio?.

Quizá una actitud así será considerada una cobardía por muchos pero en estos tiempos en que uno no sabe con quienes se va a encontrar, si están armados o no, si son violentos o no,
si tienen problemas psicológicos y se descargan con cualquiera, ese cualquiera puedo ser yo y puedo perder la vida como le sucedió al taxista esta mañana y le sucede a tantos otros en todo momento.
La desprotección ya no tiene parangón, las estructuras gubernamentales deberían comenzar por educar a los policías, dándoles instrucciones claras de cómo actuar y cuándo pero dándoles la libertad de intervenir ante situaciones que requieren intervención urgente.

Es común que haya un accidente de tránsito en cualquier calle y uno acuda al policía apostado en la esquina y éste le responda: «no puedo actuar, no me corresponde, no es mi jurisdicción» o cosas parecidas.
Esto me hace pensar en un pasaje del Evangelio, el del buen samaritano que se paró a ayudar a quien lo necesitaba sin importarle quién era ni de dónde era, simplemente lo ayudó mientras que los del lugar, incluido un sacerdote, le pasaron por delante sin ayudarlo.

Así estamos y esperemos que este año 2009 sea un año en el que se trabaje mucho por recuperar el sentido del valor de la vida humana en todos sus aspectos y etapas y que la educación en valores humanos sea la prioridad en todos los ambientes, en la familia, en la escuela, etc. Solo desde allí podremos seguir civilizadamente y ordenadamente trabajando para conseguir un ambiente vial en el que se respeten las normas.
Textos: María Inés Maceratesi