Un pacto con los ciclistas

Ciclistas y automovilistas no son iguales Es verdad que ambos conducen un «vehículo», pero la desigualdad radica en la vulnerabilidad física y las condiciones de circulación. Si no entendemos esta premisa básica, no podremos avanzar en la construcción de una movilidad para todos , ya
que «todos» no significa «todos iguales». Pese a que algunos ciclistas (no todos) se creen «peatones con ruedas», el conductor debe hacer un pacto con los ciclistas y un pacto con la vida.

Yo, automovilista, confieso:

1-No tengo experiencia en compartir la calzada con bicicletas.

2-Nos los percibo claramente: mi preocupación son los otros automotores («Se me aparecen de golpe»).
3-Jamás compruebo que hay en el ángulo muerto de mis espejos retrovisores («¿Qué es eso?»).
4-Como los ciclistas no cumplen las reglas de tránsito, yo tampoco cumplo con ellos («Me enferman»).
5-Los adelanto para «sacármelos de encima como sea».
6-Me ponen nervioso, me molestan, me enfurecen.
Pero también debo entender:
1-A veces soy ciclista, y mis hijos utilizan la bicicleta con gran frecuencia.
2-Soy el FUERTE: el que crea el riesgo con una máquina de una tonelada y muchos caballos de fuerza.
3-Soy el INVULNERABLE: la estructura de mi auto es una armadura que me pone a cubierto de cualquier colisión.
4-El ciclista es el DEBIL: no tiene masa, ni velocidad, ni potencia.
5-Él, es el VULNERABLE: absorbe los golpes con su propio cuerpo y el más pequeño incidente puede costarle la vida.
6-Debo ser honesto y reconocer que en mis manos tengo la vida de otro, por lo que mi responsabilidad es enorme.

Por lo tanto:
Con mi propia conducta defenderé al ciclista, a pesar de su misma impericia, de su vacilación y de su imprudencia, porque su vida es tan valiosa como la mía.
Fuente: Boletín de Prensa Instituto de seguridad y educación vial Isev