Por: María Inés Maceratesi

Cuando decidimos salir de paseo o realizar un viaje largo y llevamos a nuestros hijos en el coche, tenemos que realizar una minuciosa planificación. Un viaje de por sí implica una preocupación y viajar con niños significa una preocupación más.

Pero no todo pasa por la preocupación porque, si bien nos obliga a una planificación especial, también es una ocasión de compartir con ellos un tiempo que habitualmente no todos los padres tenemos y nuestros hijos tanto necesitan.

Podremos compartir un mundo – el de los niños – que es divertido y lleno de sorpresas. ¿Qué necesitaremos?: buen humor, mucha paciencia, preparación y control de la situación para que la diversión y el descanso estén asegurados. Así lo afirman algunos expertos dedicados a la infancia.

Pero las necesidades son muy diferentes según se trate de bebés o niños o adolescentes.

Si viajaremos con bebés será prudente

– Aprovechar sus horas de sueño habituales para realizar el viaje.

– Llevar una bolsa con comida, agua y algunos juguetes, los que más le gusten al niño. Lo mejor será ir dándoselos de a uno, para evitar que se cansen rápidamente de todos.

– Parar con frecuencia, cada dos horas aproximadamente.

– Disponer de sillas infantiles (Recordar que las sillas infantiles son obligatorias, que deben situarse en el sentido contrario a la marcha y preferentemente en el asiento trasero).

– Si hiciera falta calentar el biberón, en algunas estaciones de servicio encontraremos calentadores, pero también podemos apelar a un recipiente térmico.

– Mantener el coche ventilado. Abrir la ventanilla de vez en cuando para renovar el aire.

– Tener precaución con el aire acondicionado, no sólo por los resfríos que puede causar, sino por la diferencia brusca de temperatura al sacar el bebé del coche.

Si los niños tienen entre 3 y 10 años

– Explicarles con antelación cómo será el viaje, lo que van a ver, etc., pues los niños le temen a la incertidumbre.

– Recuperar los tradicionales juegos infantiles: el «veo, veo», las «palabras encadenadas», el «piedra papel tijera», o «la forma de las nubes»… y muchos más que podamos inventar.

– Llevar algún juego que les guste y con el que se pueda jugar fácilmente dentro del vehículo. Importante que no sean objetos grandes ni pesados porque, que en caso de una frenada brusca o accidente, se convierten en peligrosos proyectiles.

– El viaje es una experiencia educativa. Se puede ilustrar sobre los diferentes paisajes, ciudades, árboles, etc. que se ven por el camino.

– Aprovechar las áreas de descanso o parar en los espacios recreativos infantiles de las ciudades por las que se pase, lo cual no sólo combate el aburrimiento, sino que también relaja a los niños y les permite soportar mejor el trayecto.

Si viajamos con preadolescentes o adolescentes

– Durante un viaje tendremos una magnífica oportunidad para hablar con ellos, para regalarles el tiempo y el interés que a diario no podemos dedicarles por las obligaciones laborales.

– Fomentar su interés por la naturaleza, la cultura, la geografía, etc. Durante el viaje se pueden visitar lugares de interés, museos o monumentos de aquellos temas que más les interesen.